Mi historia de amor con las lentes esclerales

Mi historia de amor (II) con las lentes esclerales: como nos conocimos

En el capítulo anterior, os he contado como han sido nuestras vidas antes de que nuestros caminos se cruzaran. Hoy os cuento como nos conocimos.

Como os he contado, yo terminé mi carrera de Óptica y Optometría en 1995. En 1996 empecé a trabajar en ópticas donde adaptaba lentes de contacto hidrofílicas. Cuando venía un paciente que no quería utilizar sus gafas, era nuestra primera elección. Por aquel entonces, los diseños que teníamos en el mercado eran muy básicos. También adaptaba algún diseño rígido, similar a las corneales que tenemos en la actualidad.

Antiguos amores

Cuando adaptaba lentes de contacto rígidas gas permeables (RGP) me sentía muy cómodo, nunca me ha dado miedo ninguna adaptación. Trabajaba mucho con la Rose k, una lente de RGP para casos de queratocono. Cuando venía alguien con esta característica, adaptaba esta lente de contacto corneal (que a día de hoy sigo utilizando en determinadas ocasiones).

Entre el año 2011 y 2013, estuve experimentando con lentes de contacto híbridas. Una lente de contacto de centro rígido y periferia blanda, más cómodas que las RGP. Había diferentes diseños: queratocono, post cirugía, multifocal, … Sin embargo, tenían ciertas limitaciones, se rompían con frecuencia en la zona de unión y apoyaban demasiado en la córnea. En resumen, veía que no era una lente perfecta, pero, también veía, que la contactología me llamaba muchísimo la atención. 

Cuanto más investigaba, probaba y descubría, más me daba cuenta de que este campo me apasionaba. Poner algo en el ojo para mejorar la visión y la calidad de vida de los pacientes era lo que me hacía vibrar.

Flechazo

En 2013 me enteré de que venía a España por primera vez una lente escleral. Contacté con el fabricante de la lente y fui a la presentación y… ¡Salí maravillado! Ahí surgió el flechazo. Cuando salí sabía que eso, en el futuro, iba a ser grande, ¡lo tuve clarísimo! Aquel diseño inicial, ya obsoleto, fue una lente que me abrió los ojos y me asombró.

En lo primero que pensé fue en mis pacientes. Todos esos pacientes que tenían problemas con las lentes corneales: se le caen, se le mueven, le hacen herida, … Con este nuevo diseño, la lente no toca la córnea y pueden ver bien. Había oído hablar de ellas y sabía que existían, pero hasta que no las vi y las manipulé, no surgió el amor. 

Con estas lentes vi la oportunidad de solucionar muchos de los problemas que no podía solucionar con otras lentes.

Cuanto más las conocía, más me enamoraba, entonces, lo segundo que pensé, fue en mis compañeras. ¡Quería presentárselas a todas y que las conocieran! Así que mi siguiente objetivo era presentarlas en sociedad, pero ¿cómo hacerlo? Eso os lo contaré en el próximo capítulo.

Fdo.: Diego López, un enamorado de las lentes de contacto esclerales.

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Mi historia de amor

Mi historia de amor (I) con las lentes esclerales: nuestros inicios

En esta historia de amor entre yo (Diego López) y las lentes esclerales, las primeras en “nacer” fueron ellas. De hecho, las primeras lentes de contacto que se inventaron fueron esclerales. Inicialmente, estas lentes partían de diseños de ojos artificiales, unas estructuras de gran diámetro colocadas directamente sobre la superficie ocular. Por cierto, ¿sabías que la elaboración de ojos artificiales comienza en Egipto alrededor del 2000 a.c?, estos se utilizaban al embalsamar los cadáveres por la creencia de que podrían seguir viendo después de la muerte. Yo nací un poco más tarde…

Su nacimiento

En esta historia de amor, el nacimiento de una de las partes se remonta a 1887. En ese año, Edwin Theodor Sämisch (oftalmólogo) pidió a F. A. Müller y a sus hijos Fiedrich y Albert que fabricaran una especie de concha de vidrio transparente con el objetivo de proteger la córnea de uno de los ojos que se había quedado muy mal después de una cirugía de párpados. La familia Müller era fabricante de ojos artificiales y se les considera como los primeros fabricantes de una lente escleral (o lente de contacto). Aunque la función principal no era mejorar la visón, sino proteger el ojo, se merecen este mérito. 

Posteriormente, en 1888,  Adolf Eugen Gaston Fick, oftalmólogo alemán, describió su uso para corregir la visión logrando una mejora de la Agudeza Visual (AV) desde 2/60 a 6/36. 

Etapa adulta

La adolescencia de las lentes esclerales fue de la mano de Muller y Carl Zeiss, que elaboraban lentes esclerales con vidrio esmerilado. La mayoría de edad se produjo en 1930 con el desarrollo de plásticos como el polimetilmetacrilato (PMMA). Estas lentes pesaban la mitad, eran casi irromplibles y el proceso de fabricación era más sencillo. Pero no eran perfectas, limitaban mucho el oxígeno al ojo.

Tras una época en desuso y casi en el olvido,  ya en su época adulta, en 1983, Donald Ezequiel tuvo la maravillosa idea de utilizar materiales permeables al oxigeno, y esto hizo que resurgieran. Desde entonces su popularidad sigue en aumento. 

En estos últimos años ha habido una explosión de nuevos diseños, materiales e innovaciones de las lentes esclerales en todo el mundo, provocando que cada vez sea mayor su uso.

Mi nacimiento

Yo nací un 14 de agosto de 1974 en Alhama, un pequeño municipio de Murcia. Allí empecé a tener grandes sueños. Desde bien pequeño sentía admiración por todo lo relacionado con la salud y siempre he tenido especial curiosidad por lo que rodeaba al apasionante mundo de la visión. Esto me llevó a estudiar óptica y optometría. En 1995 finalicé mis estudios en la Diplomatura y empecé cuatro años de experiencias en España y en el extranjero en diferentes centros ópticos. 

Etapa adulta

Con lo aprendido, en 1999 inicié mi andadura empresarial con la apertura de óptica ALCÓN, una empresa de carácter familiar situada en el lugar donde nací y donde empezó todo, en Alhama de Murcia.

En el año 2005 entré a formar parte de la Universidad de Murcia como profesor de la Facultad de óptica y optometría y en 2012 obtuve el Grado en Optometría y el Máster oficial Interuniversitario de Investigación en Ciencias de la Visión. Desde entonces, me he especializado en la adaptación de lentes de contacto avanzadas, dedicando mi docencia al conocimiento e investigación en el área de la contactología. Asimismo, combino mi actividad docente con la dirección de la sección de adaptaciones de lentes de contacto especiales en la Clínica Universitaria de Visión Integral (CUVI). En la actualidad, estoy desarrollando mi labor investigadora con el prestigioso grupo CIVIUM.

En el siguiente capítulo te cuento cómo nos conocimos, y cómo surgió nuestra historia de amor. Te puedo adelantar que fue un flechazo. Amor a primera vista.

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Caso real

Caso de paciente con DMAE y lesión corneal

Ya os hablé de la charla que impartí en el congreso de la SEEBV celebrado en Zaragoza el pasado mes de octubre. Como sabéis, la charla la he titulado “Hasta el infinito y más allá” y ya os he explicado el porqué de este nombre. Hoy os hablo de la segunda parte. En ella expliqué las limitaciones de las lentes esclerales con estos pacientes y os cuento el caso de Isabel, una paciente con DMAE y lesión corneal.

Limitaciones y problemas

Muchas veces nos encontramos con pacientes con problemas retinianos que a mayores tiene irregularidades corneales. Tenemos que buscar la mayor calidad visual para enviar la mejor imagen posible a la retina. Para ello, adaptamos una lente que sea capaz de compensar con el menisco lagrimal esa irregularidad y, ¡qué mejor!, que una lente escleral. Cómoda, no se mueve y nos proporciona una imagen estable durante todo el día. 

Cuando un paciente coloca una lentes escleral, le pedimos que observe la lente por si tiene alguna burbuja. Esta burbuja nos provoca mala visión y riesgo de hipoxia. Por ello, es necesario que la detecte y pueda solucionarlo rellenando la lente con solución salina. Pero ¿qué hacemos con pacientes de baja visión? La primera opción son los espejos cóncavos iluminados que nos proporcionan una imagen más aumentada. Sin embargo, no todos pueden hacerlo, para ello tenemos que pedirle a los familiares y cuidadores que ayuden al paciente y comprueben si hay burbuja o no.

Caso práctico

Isabel, es una paciente con DMAE. Tiene una visión bastante reducida pero se ha adaptado a ella y se defiende perfectamente. Un día, Isabel sufre un accidente doméstico y daña la superficie ocular al recibir impactos de cristales en las córneas.

Isabel quiere la visión que tenía antes del accidente, ya que ahora ve mucho menos. Era baja pero se defendía perfectamente. Ahora, Isabel no puede distinguir a sus nietos, no puede ver la tv ni el número del autobús que solía coger para ir de compras. Desde el accidente perdió la autonomía.  

Isabel acudió a mi consulta para adaptar lentes esclerales. Sabía que iba a ser complicada la adaptación pero ella quería recuperar su independencia. En principio la manipulación era muy complicada pero la motivación era máxima. Gracias al ingenio y a la ayuda de los familiares, cumplimos el sueño de Isabel. 

Hasta el infinito y más allá

Hasta el infinito y más allá tiene que ver con cumplir los sueños. Y para ello, creo en las lentes esclerales y en sus infinitas posibilidades. 

Las lentes esclerales están evolucionando, en los últimos 5 años han aparecido muchísimas opciones nuevas de lentes esclerales que antes no había. Y este aumento no se queda ahí, tenemos nuevos materiales y diseños en camino que van a llegar. Gracias a esto, vamos a disponer de muchas más opciones en nuevos tratamientos que nos ayudarán, por ejemplo, a minimizar aberraciones. ¡Es impresionante!

Hasta el infinito, y más allá. Para mí, no solo significa la amistad, también la esperanza, por ello las lentes esclerales son una herramienta poderosa para cambiar la vida de las personas con baja visión, y la tuya. Estoy a tu disposición para dudas, consultas y sugerencias. ¡Ponte en contacto!

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Diámetro de las lentes esclerales

Elección de diámetro de la lente escleral

Introducción

Hoy vamos a hablaros del diámetro de la lente escleral. La variedad de diseños de lentes esclerales que existe actualmente es muy extensa, aunque probablemente no todos estarán disponibles en la zona geográfica en que residas.

En general todas las lentes esclerales tienen básicamente el mismo diseño básico. Una zona óptica, una curva de transición (zona limbal) y la zona de apoyo (zona escleral). La zona óptica es la encargada de compensar la visión del paciente. En esta parte de la lente se debe poder tallar tanto esfera como cilindro, así como otros perfiles de tipo esférico y asférico.

El diámetro de la lente escleral

La elección del diámetro se suele considerar como el primer paso a la hora de adaptar una lente escleral. En general debemos considerar que el tamaño mínimo de la lente debe sobrepasar el limbo esclero-corneal 0.2 mm aproximadamente. En muchas ocasiones solo dispondremos de un único diámetro que seguramente será más grande que ese diámetro mínimo. Esta situación no debe preocuparnos siempre y cuando la lente no se apoye en la córnea ni limbo. Por lo tanto, el primer objetivo es asegurarnos que la lente de nuestra caja de pruebas es correcto para ese paciente en particular. 

Elección del diámetro de la lente escleral

Los diámetros suelen variar entre 15 y 20 mm. 

¿Qué debo tener en cuenta para elegir el diámetro correcto?

  • DHIV: Tenderemos a elegir diámetros pequeños de lentes en diámetros horizontales de iris visible (DHIV) pequeños y diámetros más grandes cuando el DHIV sea mayor. 
  • Córnea: La elección del diámetro también viene determinada por las características corneales. Por ejemplo, irregularidades que estén relacionadas con elevaciones corneales mayores, como el queratoglobo, requerirán de un mayor diámetro para poder estabilizar la lente correctamente. “Problemas grandes – lentes grandes”.
  • Esclera: La forma escleral también delimita el tamaño de la lente. Cuanto más nos alejamos del limbo esclero-corneal la esclera es más irregular. Por eso si elegimos diámetros muy grandes tenemos que asegurarnos que el apoyo es uniforme para evitar que presione en unas zonas más que en otras. En escleras muy tóricas, diámetros excesivamente grandes pueden dificultar la adaptación y nos obligará a elegir diseños con menor diámetro y mejor capacidad de alinearse en toda la esclera. 
  • Claridad apical: Otra consideración a la hora de elegir el diámetro es la claridad apical. Si buscamos una mayor separación entre la lente y la córnea buscaremos diámetros más grandes y viceversa.
  • Hendidura palpebral: El tamaño de la hendidura palpebral también puede limitar la elección de un diámetro u otro. Cuando nos encontremos ante una hendidura muy estrecha nos sentiremos más cómodos manipulando lentes de menor diámetro que excesivamente grandes. Esto también será válido cuando el paciente tiene dificultad de mantener la cabeza en posición horizontal durante la inserción, como por ejemplo en niños. Ten en cuenta que cuanto más grande sea la lente más difícil será aplicar la lente y manejarla. 

Cómo afecta el diámetro de la lente escleral

Variaciones en el diámetro modificarán la adaptación de la lente atendiendo a las

características de la sagita. El diámetro de la lente es el parámetro que más afecta a la sagita cuando lo modificamos. Es decir, si aumentamos el diámetro de la lente, la sagita se verá incrementada mucho más que si cerramos el radio de la lente.

Esperamos que os haya resultado útil esta información. Si tienes alguna duda acerca de la elección de parámetros en una adaptación de lentes esclerales, déjanos tu consulta en comentarios y el profesor Diego López te responderá.

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Factores que el profesional debe tener en cuenta al manipular las lentes

Vamos a ver con detalle los factores que el profesional debe tener en cuenta al manipular las lentes esclerales. En ocasiones, una buena adaptación de lentes de contacto se puede ver afectada por hábitos incorrectos, convirtiéndola en fracaso.

Repasemos cuáles son las principales técnicas de inserción y extracción de lentes esclerales.

Factores a tener en cuenta en la inserción

El objetivo es colocar la lente en el ojo sin que exista ninguna burbuja bajo la lente. La aparición de burbujas es debida en la gran mayoría de los casos por una incorrecta inserción de la lente. Ya sea porque no hemos llenado la lente con suficiente suero fisiológico, o porque se ha movido el ojo y/o la mano justo antes de entrar en contacto la lente con el ojo. Para evitar esta complicación, debemos llenar completamente la lente con suero fisiológico monodosis. El paciente debe estar cómodamente inclinado hacia delante hasta colocar la cara paralela al suelo. Previamente, debemos asegurarnos de que la lente esté limpia y desinfectada. Aclarar la lente con solución salina para eliminar los restos de líquido que pueda contener algún tipo de conservante. 

El paciente debe estar sentado sobre una silla con elevador que se pueda adaptar a las diferentes alturas tanto de los pacientes como de los contactólogos. Instruiremos al paciente para que se incline hacia delante, acerque la barbilla al cuello y mire hacia abajo. Siempre con la mirada fija en un punto que le sirva de referencia para mantener el ojo quieto. Si somos diestros, nos colocaremos a la derecha del paciente. Desde esa posición podemos acceder con mayor facilidad a cualquiera de los dos ojos utilizando nuestra mano dominante. Apoyaremos el antebrazo izquierdo sobre la cabeza del paciente para sujetar el párpado superior y ayudar al paciente a mantener la posición de su cabeza inclinada correctamente. 

Cogeremos la ventosa de inserción con el dedo pulgar e índice. De esta forma tendremos mayor precisión y control durante el proceso. Sujetamos el párpado inferior con el dedo corazón de la mano derecha y colocamos la lente directamente sobre el ojo.

Es importante realizar este movimiento de forma suave. Si apretamos demasiado podemos aumentar el efecto de succión que tienen las lentes esclerales sobre el ojo y falsear la adaptación. Además de ser molesto e incómodo para el paciente. Si estamos colocando la lente con unas gotas de fluoresceína para la valoración inicial, debemos tener cuidado con el líquido sobrante que cae tras la inserción de la lente. Este líquido puede manchar la ropa del paciente y se puede convertir en una situación realmente desagradable. 

Para prevenir esta molestia podemos utilizar una capa como las utilizadas en peluquería. Otra opción es entregar al paciente unos pañuelos que colocará el mismo bajo sus ojos para absorber ese líquido sobrante. Si no empleamos capa, el paciente sujetará únicamente los pañuelos bajo sus ojos. Es importante que separare las piernas para evitar que caiga fluoresceína sobre ellas y así evitar que se manche la ropa.

Al poner una lente escleral la cabeza debe estar inclinada hacia delante de forma paralela al suelo, si pega la barbilla al cuello la cabeza baja un poco más.

Factores a tener en cuenta en la extracción

Durante su uso, las lentes esclerales se adaptan al ojo disminuyendo la sagita inicial y produciendo un efecto de succión. Esto hace que no sea recomendable quitar la lente sin haber eliminado esa succión producida por el uso.

Para eliminar la succión, hay que introducir una burbuja bajo la lente. Para ello, el paciente debe mantener una posición recta y no inclinada como durante la inserción. Con la ayuda del párpado inferior presionaremos en la esclera inferior, justo bajo la lente, para que al separar la esclera de la lente se introduzca por sí sola la burbuja. Esto además será un indicativo de la adaptación, ya que si cuesta mucho trabajo introducir la burbuja significa que la lente está demasiado ajustada.

Ahora cogemos la ventosa. Para quitar una lente escleral del ojo con la ventosa de 45º, la situaremos en el tercio inferior de la lente (recordemos que es muy importante que antes eliminemos la succión producida por el uso introduciendo unas burbujas bajo la lente). Una vez eliminada la succión de la lente, presionaremos con la ventosa de extracción en la parte inferior de la lente y retiraremos la lente mientras el paciente mira hacia el frente.

Las lentes esclerales no se deben retirar mediante el método de estirar los párpados horizontalmente con una mano, como el usado en lentes RGP corneales. El método aconsejado es siempre con ventosa, aunque con suficiente práctica, y si por cualquier circunstancia no tenemos ventosa, podemos extraer la lente con la ayuda de los dedos sobre los párpados y presionando sobre los bordes de la lente en su parte superior e inferior, como en el método clásico de RGP corneales.

Esperamos que os haya resultado útil esta información. Si tienes alguna duda acerca de los factores que el profesional debe tener en cuenta al manipular las lentes, o de otro tema, déjanos tu consulta en comentarios y el profesor Diego López te responderá.

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Equipamiento necesario

Equipamiento necesario

Hoy os detallamos el equipamiento necesario para adaptar lentes esclerales. Si todavía no habéis empezado adaptar lentes de contacto esclerales pero queréis hacerlo, os resultará de gran interés esta información. Empecemos por la elección de la lente. Existen dos métodos de adaptación de lentes esclerales, de forma empírica y con caja de prueba. 

Forma empírica

Si adaptamos lente esclerales empíricamente es imprescindible conocer la sagita del segmento anterior ocular para el diámetro de la lente a adaptar. El equipamiento necesario pasa por disponer de un perfilómetro escleral o en su defecto un OCT  de polo anterior o sistema de Scheimpflug. También se puede calcular a través de moldes de impresión. Pero debido a su difícil adquisición y alto costo, lo más frecuente es adaptar lentes esclerales con cajas de pruebas.

Caja de pruebas

El uso de cajas de pruebas permite la visualización de la lente directamente y realizar cambios “in situ” durante la adaptación. A la hora de seleccionar una caja de pruebas se deben tener en cuenta varios aspectos. Hay muchos diseños y cada uno de ellos puede aportar diferentes soluciones para una misma situación. Se aconseja adquirir una caja de pruebas únicamente y trabajar todas las posibilidades que ofrece ese diseño elegido en profundidad. Solo tras completar la curva de aprendizaje y una vez que nos sintamos cómodos durante la adaptación, se recomienda adquirir otra caja de pruebas diferente. La disponibilidad de diferentes diámetros, la capacidad de incluir diseños tóricos o multifocales, la gestión de superficies prolatas y oblatas, la posibilidad de realizar microvaulting o muescas periféricas y todas las demás posibilidades futuras (control de aberraciones, etc.) nos ayudarán a elegir un diseño u otro. Aunque no es objeto de este curso, entendemos que existen otras variables para elegir una lente u otra como es la rapidez y precisión durante la fabricación, y la relación personal con el fabricante/distribuidor, entre otros.

Lampara de hendidura

Para la visualización de la lente es necesario el uso de lámpara de hendidura. La lámpara de hendidura debe tener aumentos suficientes para poder realizar la técnica de comparación del menisco lagrimal con la lente de contacto fácilmente. Los aumentos recomendables para ello varían entre 25x y 40x ya que con menos aumentos la interpretación del grosor de la bóveda se vuelve más difícil. La lámpara debe incluir filtro azul cobalto para su uso con fluoresceína (imprescindible el uso de filtro wratten para visualizar correctamente la fluorescencia de la fluoresceína).

Para comparar el espesor del menisco lagrimal (en verde por la fluoresceína) con el espesor de la lente escleral necesitamos usar aumentos. Siempre que usemos fluoresceína con filtro azul cobalto debemos colocar el filtro amarillo wratten frente al ocular para aumentar el contraste y eliminar la luz azul.

También se pueden utilizar fuentes puntuales de luz o lámpara de Burton para realizar una valoración rápida de la adaptación y comprobar, por ejemplo, si existen burbujas tras la inserción de la lente. 

Al adaptar lentes esclerales tóricas necesitamos medir el ángulo de giro de la lente. En caso necesario se debe calibrar la horizontalidad de la fuente de captura.

Ventosas

Para la inserción y extracción de las lentes esclerales debemos disponer de diferentes ventosas. Para la inserción usaremos una ventosa grande específica para lentes esclerales (también válida para lentes híbridas y semiesclerales). Esta ventosa dispone de una copa de gran tamaño sobre la cual se coloca la lente escleral, estabilizándola para su inserción en el ojo. Estas ventosas pueden ir ventiladas o no. La ventilación evita el efecto de succión que puede tener este tipo de ventosa sobre la lente y que dificultan su colocación, ya que el paciente puede tener dificultad en poner la lente y “apretar” la ventosa a la vez para eliminar esa succión.

Las ventosas de inserción suelen venir sin ventilación en su parte posterior. Si la lente escleral se queda pegada a la ventosa, debemos evitar la succión de esta sobre la lente, cortando la parte inferior.

Para la extracción de la lente se utilizan dos tipos de ventosas, la clásica ventosa de lentes RGP o la ventosa de 45o. La ventosa clásica RGP no debe estar ventilada, ya que precisamente nos interesa esa succión sobre la lente escleral para poder quitarla del ojo.

Para finalizar, necesitamos una serie de material extra de uso habitual en gabinetes. Es necesario disponer de un espejo en posición horizontal (a ser posible retroiluminado) en el gabinete de contactología para el adiestramiento del paciente durante la fase de aprendizaje para poner y quitar las lentes. No debemos olvidar tener preparado suero fisiológico monodosis, capa protectora y/o servilletas de papel, fluoresceína y los sistemas de mantenimiento de lentes esclerales.

Si te ha surgido alguna duda, puedes ponerte en contacto con nosotros, el Profesor Diego López Alcón las resolverá.

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Métodos para la inserción de sus lentes

Hoy vamos a ver cómo colocar las lentes esclerales por parte del paciente. Os daremos métodos para la inserción de sus lentes. El paciente debe ser autónomo en el manejo de las lentes esclerales. Debe ser capaz de poner y quitar la lente con precisión y seguridad. Y tiene que demostrarlo. Sería una negligencia entregar una lente sin la seguridad de que va a ser capaz de actuar correctamente ante la aparición de cualquier problema. 

Comprobaciones previas

Antes de colocar la lente, el paciente debe ser instruido en la inspección de la lente y los ojos. Debe saber comprobar que el estado de limpieza es el correcto. La lente siempre debe ser aclarada con suero fisiológico sin conservante antes de su inserción. Este es el momento en el que debemos asegurarnos de que la lente está totalmente limpia y no sufre ninguna rotura. Buscar una posición cómoda, ya sea de pie o sentado (silla que se pueda nivelar en altura), en frente de una mesa que no sea demasiado alta.

Inserción

El método para insertarse uno mismo lentes esclerales es básicamente el mismo que el utilizado por el profesional, solo que el paciente debe tener la capacidad de mantener la posición inclinada mirando al espejo y los dos ojos abiertos al mismo tiempo. El paciente puede introducir la lente con el sistema de tres dedos (trípode), con dos dedos o con la ventosa. 

Método 1: Trípode

Para elegir entre un sistema u otro tendremos en cuenta la capacidad que tiene el paciente de mantener los párpados sujetos. Si le es complicado sujetar los párpados, evitaremos el sistema trípode, ya que no deja demasiada libertad en la mano que sostiene la lentilla para ayudar en la tarea. En esta técnica el paciente tendría que sujetar los párpados con las dos manos.

Método 2: Dos dedos o ventosa

Para colocarse las lentes esclerales con dos dedos o con la ventosa podemos utilizar el dedo anular para sujetar el párpado inferior y con la otra mano sujetar el párpado contrario por encima de la cabeza. Esto es importante, ya que si sujetamos el párpado superior cruzando la mano por delante de la cara, taparemos la visión del otro ojo. En la mayoría de los casos la visión del otro ojo es fundamental para obtener mayor precisión. Para ayudarlo a mantener la fijación en el espejo podemos pegar una pegatina o pintar un punto que sirva de referencia al paciente para mantener la mirada quieta.

Si el paciente tiene dificultad en insertar la lente y abrir los párpados, a la vez existen sistemas sobre los cuales se coloca la lente y así el paciente solo tiene que centrarse en sujetar los párpados y acercar el ojo a la lente (que no al revés). Al estar la lente en un soporte, el paciente solo presta atención a sujetar los párpados y acercar el ojo hacia la luz.

Cuando trabajamos con diámetros muy grandes (>17-18 mm) o cuando la hendidura palpebral es muy pequeña para introducir la lente primero hay que hacerlo bajo el parpado superior y por último bajo el párpado inferior.

Tras insertar la lente, el paciente debe comprobar que no hay burbujas bajo la lente. Si existiera alguna y tuviera un gran tamaño se notaría inmediatamente, ya que provoca incomodidad y sobre todo mala visión. La dificultad estriba en comprobar que no hay burbujas de pequeño diámetro, el paciente debe mirarse al espejo siempre para buscar burbujas incluso bajo el párpado superior.

Lo mejor para ganar confianza en el manejo de la técnica es la práctica. Con el tiempo ganará confianza y tendrá más destreza. 

Esperamos que os hayan resultado útiles estos métodos para la inserción de sus lentes. Si tienes alguna duda, déjanos tu consulta en comentarios y el profesor Diego López te responderá.

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Aniridia y lentes esclerales

La aniridia y las lentes esclerales pueden ir de la mano. La aniridia es una patología congénita, hereditaria, crónica y, dependiendo del grado, puede llegar a ser invalidante. La incidencia de la aniridia es de una persona afectada por cada cien mil nacidos. 

¿Cómo afecta la aniridia?

El término significa “sin iris”. Se caracteriza por la falta parcial o total del iris en ambos ojos y gran fotofobia. Es frecuente que vaya asociada otras patologías visuales más comunes como cataratas, glaucoma, degeneración corneal, subluxación de cristalino, nistagmus de fijación, estrabismo, ptosis parpebral, …

Todas las personas que conviven con aniridia presentan una agudeza visual muy reducida y una gran fotofobia. Si bien el diagnóstico es relativamente sencillo, pues el síntoma evidente de una persona que nace con Aniridia es la falta total o parcial de iris. El pronóstico es bastante más complejo de concretar, y cada uno de los ojos puede, con toda seguridad, presentar situaciones distintas de partida, por lo que la evolución dependerá de esta.

La Aniridia no se cura, sino que se controla y se tratan aquellas alteraciones oculares asociadas que van apareciendo a lo largo de la vida. Son tratamientos que controlan la evolución de dichas alteraciones. Frenan y controlan el deterioro del resto visual, consiguiendo, en la medida de lo posible, una buena calidad de vida.

La mala visión del paciente con aniridia es consecuencia del mal desarrollo de distintas estructuras oculares como la fóvea o el nervio óptico, y es muy difícil mejorarla.

Una lente de contacto no mejora la visión de una persona con aniridia. En todo caso, lo que haría sería que la persona se sintiera algo más cómoda, pues la entrada de luz está más restringida. Esto no significa mayor agudeza visual nunca.

Hasta el momento, se recurre a las lentes terapéuticas tras operaciones derivadas. Consiste en una lente transparente, sin corrección, cuya función es la de proteger la córnea del exterior tras una intervención quirúrgica, para conseguir la cicatrización de posibles úlceras o procesos degenerativos de la córnea. A todos los efectos, consiste en un apósito. Sustituye, a veces, la oclusión total del ojo y la coloca y retira un profesional.

Lente de contacto inteligente: una prometedora herramienta terapéutica en aniridia

La calidad óptica en pacientes con aniridia está limitada por la magnitud de las aberraciones de alto orden. El diseño de lente de contacto escleral convencional corrige de forma precisa el desenfoque, pero no es capaz de compensar las aberraciones oculares de alto orden, especialmente la aberración esférica en ojos sin iris. Los últimos estudios demuestran, por medio de simulaciones ópticas, el concepto de una plataforma inteligente de iris artificial encapsulada en una lente de contacto escleral y su posible aplicación en pacientes con aniridia.

Estas herramientas permiten generar modelos de ojo de aniridia y evaluar distintas métricas de calidad visual y de iluminación retiniana en función de la apertura del iris artificial. Para ello, utilizaron la técnica de imagen de OCT para medir la geometría del segmento anterior en un paciente con aniridia y, a partir de esos datos, generaron el modelo de ojo. Calcularon las aberraciones oculares y evaluaron la función visual del modelo de ojo.

El diseño de lente de contacto inteligente basada en iris artificial permite compensar prácticamente la totalidad de las aberraciones de alto orden con un control activo del diámetro pupilar en función de la iluminación ambiental. Además de minimizar las aberraciones de alto orden, al reducir el tamaño de pupila se aumentaría la profundidad de foco. Los resultados demuestran una mejor calidad visual y una disminución de la iluminación. Ahora solo falta desarrollar la lente

¿Existen riesgos?

Sin embargo, hay que tener en cuenta los riesgos que conlleva usar lentes de contacto en personas con Aniridia. La lente de contacto es un elemento de erosión para una córnea, potencialmente sensible.

Estas sufren, de forma congénita, cierto déficit de regeneración de células madre corneales, y una lente de contacto es un cuerpo extraño en contacto con dicha superficie ocular, por lo que podría agravar este déficit. ¿Podrían ser las lentes esclerales una opción para pacientes con aniridia?

La evidencia científica es muy limitada respecto a la adaptación de lentes esclerales en casos de aniridia. Además existe la dificultad en el proceso de fabricación de lentes esclerales con el iris pintado para que la protección frente a la luz sea duradera en el tiempo. 

Es un tema realmente interesante que estamos seguros seguirá evolucionando en los próximos años. 

Ahora toca hacer balance riesgo – beneficio. Si tienes dudas acerca de la aniridia y lentes esclerales, o de la adaptación de lentes esclerales en general, no dudes en ponerte en contacto vía email o redes sociales. El profesor Diego López estará encantado de ayudarte.

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Espacio entre lente y córnea

¿Qué es la bóveda corneal?

Vamos a hablar del espacio entre lente y córnea que definimos como bóveda corneal, abovedamiento corneal, separación corneal o menisco lagrimal. Es precisamente la gran ventaja de las lentes esclerales en comparación con las lentes RGP de pequeño diámetro. Las lentes esclerales deben cubrir la córnea en toda su extensión sin tocarla. Se debe formar una bóveda entre la lente y la córnea. Por ello debemos saber en todo momento cuál es la separación que existe entre ambas estructuras. Si la separación es excesiva, podríamos tener complicaciones por una mala adaptación.

Es imprescindible controlar esta separación de forma precisa. Una excesiva separación podría afectar a la estabilidad de la lente e incluso al aporte de oxígeno. Por otro lado, si la separación es escasa, podríamos provocar trauma corneal por excesivo contacto. En un estudio realizado por Langis Michaud en 2012 se estimó que la separación ideal necesaria entre la lente y la córnea debería ser de 200 um. Para un espesor central de 250 um y un Dk de la lente mayor de 150 unidades. Si esta es la situación ideal, sería de esperar que separaciones mayores de esta cantidad reduzcan el aporte de oxígeno significativamente. Vicente Compañ en 2014 estimó la separación máxima lente-córnea obteniendo un resultado teórico de 150 um. El espesor de la lente de 200 um para un dk de 125. Según este estudio, la difusión de oxígeno está asegurada por debajo de estos valores. Estos resultados son algo más bajos que los propuestos por Michaud.

¿Como valorar esta separación?

Existen varias técnicas para comprobar la separación entre la lente y la córnea. 

1ª Técnica: Fluoresceína

La primera y más básica consiste en instilar fluoresceína y comprobar que no hay toque en la córnea. Para esta técnica los aumentos de lámpara de hendidura deben ser bajos y se debe utilizar el filtro azul cobalto de la lámpara y filtro amarillo sobre la parte posterior del sistema óptico de la lámpara para aumentar el contraste. Como todos sabemos, un apoyo de la lente sobre la córnea será visto como una zona negra al evaluar el fluorograma debido a la ausencia de fluoresceína. Por lo que el objetivo de esta técnica será evaluar posibles zonas oscuras de una forma relativamente fiable. Esta técnica tiene una limitación demasiado importante, ya que se puede dar el caso de que la separación entre la lente y la córnea sea menor de 20 um. En este caso no somos capaces de percibir el leve brillo de la fluoresceína. Tendremos la sensación de que hay toque cuando realmente no existe como tal. En cualquier caso, solo es útil para saber si la lente toca la córnea o no. 

2ª Técnica: Sección óptica

La segunda de las técnicas para evaluar la separación lente-córnea es utilizar una sección óptica con luz blanca en la lámpara de hendidura. Instilando previamente a la inserción unas gotas de fluoresceína sobre el suero fisiológico de la lente. Con esta técnica observaremos la separación entre la lente y la córnea de color verde (debido a la fluoresceína) y la compararemos con otra separación de espesor conocido. Podemos asumir que el grosor medio corneal central es de 550 um. Así, al comparar una distancia (lente-córnea) con la otra (espesor corneal) podemos hacernos una idea relativa de cuanta separación existe. En este supuesto cometemos un error muy importante. No todas las córneas tienen la misma paquimetría y además, la paquimetría aumenta conforme nos acercamos al limbo, por lo que no es uniforme completamente. Mucho menos si nos encontramos con casos como el queratocono. El espesor en el ápex corneal se puede ver dramáticamente reducido en los grados más avanzados de la enfermedad. Por lo que debemos ser cautos al utilizar esta referencia (córnea) debido a su gran variabilidad. Para evitar esta limitación es aconsejable comparar la bóveda entre la lente y la córnea con el espesor de la lente de contacto, en vez de con la córnea. Utilizaremos para ello la misma técnica de iluminación que si quisiéramos comparar con la córnea. Pero ahora nos fijaremos en las líneas de la cara anterior y posterior de la lente situadas en la parte más anterior. Dependiendo de un fabricante u otro, el espesor central de la lente escleral podrá variar entre 250 um y 400 um. Nada más fácil que contactar con el fabricante para que nos informe de este dato. Así podremos utilizar esta referencia con mayor fiabilidad debido a su estabilidad y precisión.

3ª Técnica: OCT

El tercer método para la evaluación de la bóveda corneal es mediante OCT. Sin duda, una de las técnicas más precisas que podemos utilizar en la práctica clínica hoy en día. La tomografía ocular permite una medida directa de la separación lente-córnea con un error totalmente asumible. No solo es útil para comprobar la bóveda, sino también para controlar el espesor de la lente.

¿Cómo valorar la estabilidad de la adaptación? 

Las lentes esclerales deben, por tanto, quedar separadas de la córnea unas 200 um aproximadamente (150 um como mínimo). Pero, ¿puede variar esta separación a lo largo del día?. En un estudio realizado por la Pacific University (2012) adaptaron varias lentes esclerales y calcularon la diferencia en la separación entre la lente y la córnea justo al insertar la lente y pasadas 8 horas. Los resultados mostraron una disminución en el abovedamiento de aproximadamente 100 um. Es decir, al adaptar lentes esclerales debemos dejar inicialmente una separación mayor de la que realmente buscamos como aceptable. Con el uso, la lente se acercará al ojo.

Las lentes esclerales necesitan tiempo para asentarse. Debemos esperar unos 20-30’ para realizar la primera valoración. Posteriormente, volver a revisar al paciente con entre 4 y 6 h de uso para comprobar la disminución de sagita que debemos esperar. Normalmente, dejaremos las lentes de prueba para valorar la adaptación antes de pedir las lentes definitivas. Si obtenemos una sobrerefracción muy alta y el paciente necesita ausentarse, podemos colocar una lente hidrofílica sobre la lente escleral con la sobrerefracción obtenida. Así, el paciente se sentirá más cómodo durante este periodo de prueba.

Esto debemos tenerlo en cuenta al realizar revisiones de seguimiento y asegurarnos de que con el uso se siguen cumpliendo los requisitos de separación mínima lente-córnea. En el caso de que tengamos que aumentar la bóveda, elegiremos la sagita inmediatamente superior o el siguiente radio más cerrado.

Si tienes dudas acerca de la adaptación de lentes esclerales, no dudes en ponerte en contacto vía email o redes sociales, el profesor Diego López estará encantado de ayudarte.

Espacio entre lente y córnea Leer más »

Dudas comunes de no usuarios I

Ya conocéis las lentes esclerales, pero hay una serie de dudas comunes de no usuarios que hoy vamos a desarrollar.

Como ya sabes, las lentes de contacto esclerales son una de las alternativas de elección para corregir diferentes defectos visuales. Tienen la ventaja de que permiten la independencia de las gafas, cubren altas graduaciones y se adaptan a diferentes córneas mejorando así la calidad visual. Pero, si aun así, tienes dudas, hoy te respondemos a algunas de las más frecuentes.

Nunca encontré una lente de contacto que me resultara cómoda 

En el caso de las lentes de contacto esclerales, su adaptación difiere respecto al resto de lentillas. Así, por ejemplo, las lentes convencionales se adaptan sobre la córnea. Sin embargo, las lentes de contacto esclerales, como su propio nombre indica, se adaptan sobre la esclera del paciente. Por dicho motivo, al ser su diámetro más grande, aporta mucha más comodidad. Las lentes esclerales son una alternativa para aquellas personas que tienen intolerancia a otras lentes de contacto. De hecho, cuando no puedes usar lentes blandas, las lentes rígidas son las más recomendables.

Probé lentes de contacto rígidas convencionales y son muy incómodas, las esclerales son iguales

Las lentes esclerales son unas lentes rígidas que, a diferencia de las tradicionales, se apoyan sobre la esclera y no sobre la córnea. Por dicho motivo, además de mejorar la calidad visual, proporcionan mayor confort al paciente. Comodidad que repercutirá en todas las tareas cotidianas realizadas en el día a día.

No tolero las lentes de contacto por qué tengo ojo seco

Las lentes esclerales, por su mayor diámetro, permiten que la lágrima se mantenga durante más tiempo. Ello retrasa la evaporación de la lágrima, por lo que mejora la calidad visual del paciente. Pero, sobre todo, evita la incomodidad, molestias y el ojo rojo. Por todo esto, son la mejor opción para pacientes con ojo seco.

Tengo queratocono e intenté adaptar lentes de contacto rígidas, pero me resultan muy molestas

Cómo las lentes de contacto esclerales no apoyan sobre la córnea son recomendables para mejorar la visión en el queratocono. Su adaptación mejorará el confort al llevar las lentes de contacto, y además la visión del paciente. De hecho, es una de las aplicaciones clínicas de las lentes de contacto esclerales.

Pronto tendréis una segunda parte de «Dudas comunes de no usuarios». Mientras tanto, si tienes más cuestiones acerca de estos temas o en otros casos, déjanos tu consulta en comentarios y el profesor Diego López te responderá.

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