Lentes de contacto en niños: ¿pueden utilizar lentes esclerales? 

Lentes de contacto en niños
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Septiembre significa volver al colegio, recuperar rutinas y preparar libros, mochilas y material escolar. Pero hay algo que también merece nuestra atención antes de comenzar un nuevo curso: la visión de los más pequeños.

Una buena calidad visual es fundamental para leer, escribir, utilizar dispositivos digitales, practicar deporte y desenvolverse con normalidad en el aula.

En determinados niños, las gafas proporcionan toda la corrección que necesitan. Sin embargo, existen situaciones visuales más complejas en las que las soluciones convencionales pueden no ser suficientes.

Es entonces cuando podemos valorar alternativas más especializadas, entre ellas las lentes esclerales.

Visión infantil: mucho más que ver la pizarra

Cuando pensamos en un problema visual infantil, solemos imaginar a un niño que no ve correctamente de lejos.

Pero la visión interviene constantemente en el aprendizaje.

Durante una jornada escolar los ojos tienen que pasar de la pizarra al cuaderno, leer textos, mantener la atención visual, utilizar ordenadores y desenvolverse en diferentes espacios.

Una mala calidad visual puede interferir en todas estas actividades.

Por eso, comenzar el curso con una revisión visual resulta especialmente importante cuando ya existe un problema ocular conocido.

¿Puede un niño utilizar lentes de contacto?

Sí. La edad, por sí sola, no es el único factor que determina si un niño puede utilizar lentes de contacto.

Hay que valorar diferentes aspectos como la indicación clínica, las características del ojo, la capacidad para manipular y mantener correctamente las lentes y la implicación familiar.

En determinados problemas visuales, las lentes de contacto pueden ofrecer ventajas que las gafas no consiguen proporcionar.

Y cuando nos encontramos ante córneas complejas o determinadas patologías, las lentes esclerales pueden formar parte de las opciones a estudiar.

¿Qué son las lentes esclerales?

Las lentes esclerales son lentes de contacto de mayor diámetro que se apoyan sobre la esclera, la parte blanca del ojo, y cubren completamente la córnea.

Entre la lente y la córnea queda un reservorio líquido.

Gracias a este diseño, la lente crea una nueva superficie óptica regular que puede mejorar notablemente la calidad visual cuando la propia córnea presenta irregularidades.

Además, al no apoyarse directamente sobre la córnea, ofrecen unas características de estabilidad y confort especialmente interesantes en determinados casos.

¿Cuándo podemos valorar lentes esclerales en niños?

Es importante dejar algo claro: las lentes esclerales no son necesarias para corregir cualquier defecto refractivo infantil.

Un niño con una miopía, hipermetropía o astigmatismo convencional puede disponer de otras opciones de corrección.

Las lentes esclerales cobran especial interés cuando existe una situación visual que requiere una solución más personalizada.

Por ejemplo, pueden estudiarse en determinados casos de:

  • Córneas irregulares.
  • Queratocono.
  • Astigmatismos irregulares o elevados difíciles de compensar con otras opciones.
  • Alteraciones de la superficie ocular.
  • Determinadas situaciones posteriores a cirugía o traumatismos.
  • Mala calidad visual con las correcciones convencionales.

La indicación siempre debe realizarse después de una valoración individual.

¿Qué ventajas pueden ofrecer en la etapa escolar?

Cuando están correctamente indicadas y adaptadas, las lentes esclerales pueden aportar beneficios especialmente importantes durante la infancia y adolescencia.

Una visión más nítida y estable

En determinadas córneas irregulares, aumentar o modificar la graduación de unas gafas no consigue solucionar completamente el problema.

La lente escleral puede crear una superficie óptica regular y compensar parte de esas irregularidades, proporcionando una visión más nítida y estable.

Esto puede marcar una diferencia importante en actividades como leer la pizarra, estudiar o utilizar pantallas.

Gran estabilidad

Las lentes esclerales tienen un diámetro mayor y ofrecen una gran estabilidad sobre el ojo ya que no se mueven.

No se desplazan fácilmente con el parpadeo, lo que ayuda a mantener una calidad visual constante. Esto es especialmente importante en casos de astigmatismo elevado, es la lente que mejor visión proporciona. 

Comodidad

Aunque su tamaño pueda sorprender al principio, precisamente su forma de apoyo puede proporcionar un elevado confort.

La lente descansa sobre la esclera y evita el contacto directo con la córnea, que es la parte más sensible de ojo (y del cuerpo humano).

Libertad para el día a día

Colegio, juegos, actividades extraescolares, excursiones…

Para un niño que necesita una corrección visual compleja, conseguir una visión estable puede facilitar enormemente su vida cotidiana.

También puede ofrecer una mayor libertad en determinadas actividades en las que las gafas resultan incómodas.

¿Y para hacer deporte?

Esta es una de las preguntas habituales de las familias.

Para muchos niños y adolescentes, el deporte ocupa una parte importante de su semana.

Las gafas pueden resultar incómodas en determinadas disciplinas y una lente de contacto correctamente indicada puede proporcionar mayor libertad de movimiento y un campo visual amplio.

En el caso de las lentes esclerales, su estabilidad sobre el ojo supone además una característica especialmente interesante.

No obstante, el tipo de deporte y las condiciones en las que se practica deben comentarse siempre con el profesional. Y es especialmente importante recordar que las lentes de contacto no deben utilizarse para bañarse o nadar sin las medidas específicas indicadas por el especialista, debido al riesgo asociado al contacto con el agua.

La adaptación infantil requiere todavía más personalización

Adaptar una lente escleral siempre exige precisión, pero cuando hablamos de niños y adolescentes el seguimiento adquiere todavía más importancia.

Es necesario estudiar cuidadosamente el ojo, seleccionar la geometría adecuada y enseñar tanto al menor como a su familia cómo colocar, retirar, limpiar y mantener las lentes.

También deben realizarse revisiones periódicas.

El objetivo no es simplemente conseguir que el niño vea bien el primer día.

Buscamos que tenga una visión cómoda, estable y segura a lo largo del tiempo.

La implicación de los padres es fundamental

Especialmente al principio, los padres tienen un papel muy importante.

La higiene de manos, el correcto llenado de la lente, su limpieza y desinfección y el cumplimiento de las revisiones forman parte del éxito de la adaptación.

Con una buena enseñanza y una rutina adecuada, el manejo acaba incorporándose al día a día.

Una vuelta al cole viendo todo lo que pueden llegar a conseguir

Un nuevo curso está lleno de pequeños retos: una nueva clase, nuevos profesores, libros por descubrir, amigos, deporte y muchas horas de aprendizaje.

Cuando existe un problema visual complejo, encontrar la corrección adecuada puede cambiar mucho más que la agudeza visual.

Puede ayudar al niño a desenvolverse con mayor seguridad y autonomía en su día a día.

Por eso, si tu hijo tiene una córnea irregular, queratocono, una graduación compleja o no consigue una buena calidad visual con su corrección habitual, merece la pena estudiar todas las posibilidades.

En determinados casos, las lentes esclerales pueden abrir una nueva forma de ver. En ocasiones es la única alternativa. 

¿Quieres saber si las lentes esclerales son una opción para tu hijo?

Cada caso infantil debe estudiarse individualmente. Una valoración especializada nos permitirá conocer el estado de la córnea, las necesidades visuales y determinar cuál es la opción más adecuada.

Si quieres saber más acerca de las lentes esclerales, pásate por lentesesclerales.com o déjame tu comentario.

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Porque cuando hablamos de visión infantil, encontrar la solución adecuada hoy puede marcar una gran diferencia en todo lo que podrán ver mañana.

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